La propuesta impulsada por Beatriz Arroyo para restringir la caza de perdiz con reclamo en determinadas zonas vuelve a poner el foco, una vez más, sobre el cazador como problema.
Mientras miles de aficionados llevan décadas conservando hábitats, cuidando el entorno y manteniendo viva una modalidad tradicional profundamente ligada al mundo rural, siguen apareciendo iniciativas que terminan traduciéndose en nuevas limitaciones para la caza.
A todo ello se suma la preocupación generada por las declaraciones y publicaciones recientes desde organismos vinculados al IREC, donde incluso se ha llegado a calificar de “panfleto” las propuestas y reivindicaciones de federaciones de caza que representan a miles de personas.
La ciencia debe ser objetiva, escuchar todas las partes y trabajar junto al mundo rural, no enfrentarse constantemente a él.
Los cazadores no merecen ser señalados.
Merecen respeto, diálogo y una defensa real de sus derechos, tradiciones y forma de vida.